El pasado 28 de mayo de 2025, el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) fue escenario de un evento que dejó huella: la jornada «Museos e Inteligencia Artificial», organizada por la Junta de Extremadura, ARTYC Content y La Mola Studio. Uno de los momentos más destacados vino de la mano de Alby Ojeda, guionista y diseñador de productos digitales, quien lanzó una advertencia clara:
El viejo mundo está muriendo
Ojeda no se anduvo con rodeos. Comparó el avance de la inteligencia artificial con una nueva revolución industrial, asegurando que esta tecnología no es una simple herramienta, sino un cambio de paradigma. «No es una simple herramienta; es la cuarta revolución industrial», afirmó, describiendo un futuro donde cada persona contará con varios «esclavos digitales».
Inspirado en la historia del Imperio Romano, Ojeda planteó que así como ese imperio se expandió gracias al trabajo esclavo, ahora la IA permitirá una expansión basada en máquinas que no necesitan descanso ni salario. «Según Elon Musk, el objetivo es que nadie trabaje», añadió, reforzando la idea de una transformación radical.
Lejos de presentar un panorama apocalíptico, Ojeda defendió que esta revolución puede ser una oportunidad para construir una sociedad más justa. La clave, según él, está en perder el miedo y formarse para dominar la tecnología. Subrayó que muchos empleos desaparecerán, pero otros tantos se crearán: 83 millones de trabajos podrían desaparecer para 2027, pero se crearán 69 millones nuevos. Para 2030, el saldo neto será positivo: 78 millones más.

Ojeda también alertó sobre la dimensión geopolítica de la IA. Estados Unidos, China y Europa compiten por desarrollar una inteligencia artificial general que pueda igualar o superar al ser humano en múltiples tareas. Proyectos como Stargate, impulsado por Donald Trump, contrastan con las apuestas de China y la reciente iniciativa europea encabezada por Emmanuel Macron.
Esta competición, que Ojeda comparó con la carrera nuclear, conlleva graves dilemas éticos: desde el uso militar de la IA hasta el consumo energético y los derechos de autor, pasando por la privacidad y la desinformación.
La IA ya no es futurismo. Ojeda expuso casos actuales en los que la IA supera al ser humano: detección de tumores, traducción de pensamientos en tetrapléjicos, avances en arqueología y biología, o comunicación con animales. Pero advirtió que «los mismos datos que curan el cáncer entrenan robots asesinos».
El fenómeno de los deepfakes, la suplantación de identidad, el consumo desmesurado de energía y las lagunas legales son algunos de los desafíos que mencionó, alertando del riesgo de un desarrollo sin control.
La revolución también enfrenta resistencia. Ojeda mencionó casos de artistas y colectivos que denuncian el uso de sus obras para entrenar modelos sin permiso. Empresas como Klarna o emisoras de radio en Polonia han tenido que rectificar tras sustituir trabajadores humanos por IA ante las críticas.
Para Ojeda, esta resistencia es parte del proceso. «No competimos con una calculadora», dijo. «Lo que marcará la diferencia serán las habilidades emocionales: comunicación, colaboración, iniciativa…».
Entre las propuestas más aplaudidas de su intervención, destacó el uso de avatares históricos como guías virtuales en museos. Propuso crear personajes como un soldado del fuerte, una reclusa LGTBI del franquismo o una estudiante de arte, que puedan interactuar con el público tanto en el museo como en redes sociales o en entornos educativos.
¿Por qué no convertir al museo en un espacio donde hablen sus propios fantasmas?
Además, Ojeda destacó que estas soluciones están al alcance de cualquiera gracias a herramientas como Freepik, ChatGPT o Suno.
Ojeda cerró su ponencia con una reflexión potente: «¿Debemos usar la IA en nuestro trabajo?». Para responder, instó a actuar con ética, conocimiento y propósito. A su juicio, la clave no está en competir con la tecnología, sino en integrarla para potenciar lo humano.
«Vamos hacia un nuevo Renacimiento», concluyó, «donde seremos los nuevos Da Vinci, capaces de unir ciencia, arte y emociones para diseñar el futuro que queremos vivir».